¿Existen las personas tóxicas?

¿Existen las personas tóxicas?

febrero 21, 2018 reflexión 0

Hace unos breves minutos cacharreando por Facebook, he visto un curso ofertado para evitar “personas tóxicas y el daño que hacen a nuestra autoestima”.

Así, de repente, me he asustado un poco y no sé por qué me he encontrado preguntándome si en verdad existen y si es necesario distinguirlas para evitar su influjo.

La verdad, aunque de buenas a primeras me vi mirando a mi alrededor tentada de decir que sí, después de recapacitar me surgieron serias dudas al respecto.

Aun así, es sorprendente cómo parece que estas creencias se dan tan por sentado, incluso en círculos donde se practica asiduamente yoga y meditación, donde sus preceptos nos enseñan a tomarnos lo que nos llega con ecuanimidad.

Quizás sus enseñanzas todavía no hayan calado lo suficiente en nosotros como para que recordemos dejar de etiquetar a los demás, no sólo porque sea injusto, sino porque las personas no son ni malas ni buenas. Tan sólo son como son, y todo es perfecto tal como es. Aunque sea difícil asumirlo en algunos casos. Aunque a veces nos falle la compasión.

Podemos descansar tranquilos, hay pocos casos reales de gente que quiera hacer sufrir a los demás de una manera deliberada. Aunque haya personas tóxicas, si para evitarlas vamos buscándolas entraremos en un estado de suspicacia y autoprotección que nos hará infelices al cubrirnos con un manto de desconfianza. Por no hablar de la de juicios injustos que podríamos cometer.

La personalidad de cada uno de nosotrxs se ha conformado a través de una historia única, irrepetible e inevitable. Como dice uno de los maestros que sigo, “si no somos capaces de pensar durante un sólo minuto en un plato de espaguetis, cómo vamos a ser responsables de lo que aparece por nuestra mente”. Y si no podemos controlar lo que aparece ¿Cómo vamos a ser responsables de lo que somos, de lo que hacemos? ¿Qué derecho tenemos de juzgar a nadie? Así que, por lo general, esxs a los que llamamos personas tóxicas son sólo personas, que hacen lo único que está en su mano hacer, aunque a nosotrxs nos haga sufrir.

Es inevitable que sintamos daño o que determinadas situaciones nos quiten energía. También todxs hemos pasado malas épocas en la que hemos estado intratables o negativos lastrando a aquellos que nos rodeaban. Hay que aceptarlo, somos así. Todo forma parte de una humanidad compartida. Todo está mezclado y en movimiento. Aprendemos de personas difíciles y hasta en el peor de nuestros días quizás estemos aportando algo positivo.

Parece que toda esta historia de personas tóxicas viene de nuestro miedo al sufrimiento y de la urgente necesidad de evitarlo. Quizás sea más rápido pensar que alguien es tóxico para avanzar una separación necesaria, pero justo cuando apuntamos con el dedo, escuchamos una vocecita apenas perceptible que nos está llamando yonquis de relaciones dañinas. Nos generamos malestar a través de la autocrítica, una autocrítica que puede pasar años llamandonxs tontxs por no habernos dado cuenta de que estábamos perdiendo el tiempo con alguien. Ese sí es un sufrimiento totalmente evitable.

¿Qué podemos hacer entonces? Comenzar a asumir que nada es personal es una buena vía para que nos sea más fácil dejar de sentirnos heridos o culpables. Recordemos que seguramente no hay gente tóxica; hay gente que dice y hace cosas que nos sientan mal. Démonos cuenta de que narramos las historias a nuestra medida. Y sobre todo descubramos qué es en verdad lo que nos duele, que parte está herida y se queja, más allá de las apariencias, para poder aceptarlo y actuar de una manera respetuosa con nosotrxs mismos y los demás. Puede que eso signifique tomar distancia, pero tomar distancia con consciencia es dejar de huir. Así de simple y complejo al mismo tiempo.

Así que las cosas no NOS suceden, suceden sin más. Las personas no NOS hacen el mal, tan sólo no pueden ser de ninguna otra forma. Lo único que es necesario hacer ante las relaciones tormentosas es saber cuidarnos. Para cuidarnos no hace falta protegernos de nada ni de nadie, ni tampoco buscar responsables ahí fuera, sólo es necesario tomar consciencia de que sufrimos y hacer lo que esté en nuestra mano si ese sufrimiento es evitable. El amor es lo único que en verdad necesitamos, incluso aunque sea para romper una relación. Así que, en vez de hacer cursillos para evitar personas tóxicas, hagamos talleres de cómo mantener y favorecer relaciones sanas, de cómo ser compasivos, y de aprender a cuidarnos sin buscar culpables.

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